miércoles, 14 de octubre de 2015

Emocionando

Perfecto título que contempla en su plenitud el deseo de todo ser humano. Es la clave para funcionar en la vida, para seguir dando pasos y seguir sintiendo que estamos vivos.




¿Qué sería de nosotros sin emocionarnos? Francamente seriamos unos seres más bien inertes sin ningún tipo de estímulo ni para bien ni para mal. Debemos valorar más y mejor, o sea hacerlo despacio, la capacidad que tienen los demás para emocionarnos.



Después de unos cuantos años en la vida, te vas fijando lo diferentes que somos las personas, lo que nos mueve a unos a otros en cambio les es indiferente y viceversa. Vemos personas duras, con carácter, aparentemente infranqueables, que nos dan una imagen de frialdad implacable, vemos personas alegres, simpáticas, dicharacheras que van y vienen con la bandera de la sonrisa puesta desde bien temprano. Nos cruzamos con personas que a primera vista parecen débiles o frágiles, tristes y cabizbajos, tan solo nos dan la sensación de no tener fuerzas ni para saludar. Así podemos estar definiendo un largo periodo de tiempo pero la clave está en que todos ellos y todos nosotros coincidimos en algo, todos dependemos de nuestras emociones, absolutamente todos tenemos puntos débiles donde flaquean los fuertes y bailan los tristes, todos tenemos nuestro cajón de emociones.



Es tan grande nuestro mundo interior que pocos son los que se atreven a compartirlo con el resto, es uno de nuestros mayores tesoros y solo lo compartimos con aquellos que creemos que nos van a ser fieles y leales. La historia habla y está para ser leída, pero también para seguir siendo escrita. No encuentro ninguna razón para que una persona fuerte no pueda llorar y una persona débil no pueda gritar. Todos somos capaces de todo, en mayor o menor medida, pero seguramente estemos predestinados por las circunstancias vividas y las experiencias aprendidas. Éstas a su vez son las que nos priorizan a la hora de demostrar nuestras emociones.



¡Los hombres no lloran! Pues menos mal que no es cierto porque no entiendo el mundo sin hombres con corazón, porque haberlos “haylos” y además podemos vivir situaciones en las que ver llorar a un hombre puede resultar de lo más conmovedor del mundo. Cuando un padre ve nacer a su hijo, esas lágrimas son de las más bonitas que se pueden ver, cuando un hijo se siente orgulloso de sus padres y se lo muestra a pleno corazón, esas lágrimas son de amor y por supuesto que también son bonitas. Todas estas lágrimas si las juntamos con las de una madre al emocionarse con sus hijos por una sorpresa o por un detalle, las lágrimas de una mujer cuando es sorprendida con amor verdadero, si juntamos todas las lágrimas conseguimos hacer un mar de emociones positivas que nada tiene que ver si son de hombre o mujer, tan solo son seres humanos de diferente índole con la capacidad de emocionarse por muy duras que hayan sido las circunstancias pasadas.


“Las emociones existen para hacernos reales ante los demás y ante nosotros mismos”



Quedan todos invitados a provocar esas emociones tan bonitas en los ojos de los demás, a partir de que se lo propongan sus corazones brillarán con más luz y su cara se iluminará con su sonrisa.